El Secuestro es una obra interesante, sencilla, clara, perfectamente clara y sencilla, como debe serlo todo buen texto que transmita un mensaje de orientación espiritual e inmortalista, especialmente a la luz de los postulados espíritas. Y en el lenguaje mágico de la novela que enseña, envolviendo al lector en el dulce placer de disfrutar de la obra de un artista creativo e inspirado, como sorber la linfa pura y cristalina de un arroyo que, sobre todo, canta el majestuoso sonido de la vida.
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